Electrosensibilidad

Varios expertos europeos coinciden en que la Hipersensibilidad Electromagnética (EHS) es una enfermedad real y física, estrechamente relacionada en muchos casos con la Sensibilidad Química Múltiple (SQM). Estas conclusiones se presentaron en el congreso celebrado en Roma en 2011 sobre los posibles riesgos para la salud del uso de tecnologías inalámbricas.

El profesor Dominique Belpomme expuso estudios clínicos en más de 450 pacientes que demuestran alteraciones objetivas, como una reducción de la perfusión cerebral —especialmente en el sistema límbico—, inflamación neurológica, aumento del estrés oxidativo y alteraciones en biomarcadores como histamina, melatonina y vitamina D. Estos hallazgos permiten definir la EHS como una enfermedad física medible, que él denomina “Intolerancia a Campos Electromagnéticos”.

Las alteraciones observadas son muy similares a las de la SQM, lo que explica que ambas condiciones coexistan con frecuencia. Además, se comprobó que la evitación de campos electromagnéticos durante varios meses mejora los parámetros biológicos, reforzando la relación causal.

Otros expertos, como la Dra. Valeria Pacífico, confirmaron el papel del estrés oxidativo, y el profesor Olle Johansson defendió el principio de precaución y la necesidad de revisar los límites actuales de exposición a campos electromagnéticos, considerados obsoletos por instituciones europeas.

En países como Suecia, la EHS, la SQM y la fibromialgia ya están reconocidas como discapacidades funcionales, lo que implica adaptar el entorno para proteger a las personas afectadas y garantizar sus derechos, en línea con la Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.

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